Los mejores restaurantes y bares de Cuba

Una de las primeras cosas que deseamos hacer cuando llegamos al Caribe es probar la comida típica. En verdad, esto sucede en cada viaje que hacemos, pero el Caribe tiene algo especial, ya que el acto de comer o beber en aquel paradisíaco lugar, por lo general está acompañado de hermosos paisajes. La comida es muy variada y para todos los gustos, tan variada como los lugares que podemos elegir para sentarnos a comer. Empecemos por el desayuno. Una buena opción es el Pain de Paris, local ubicado en La Habana y que nos permite escoger entre especialidades cubanas y demás postres, kekes y fiambres tradicionales. Por supuesto todo bien acompañado de jugos naturales de fruta y toda la parafernalia que la primera comida del día exige. Los precios son más que razonables e incluso hay facilidades para transportar los bocaditos que por cuestiones de espacio estomacal no hayamos podido disfrutar.

Si viajamos a Cuba, es seguro que nuestra agencia de viaje ha planeado pasar en Varadero al menos dos días. Si estamos en horas del almuerzo, recomiendo darse una vuelta por el Chez Plaza, ubicada en el Centro de Convenciones Plaza América. Definitivamente, la especialidad de este restaurante son los pescados y mariscos. Tenemos diversas presentaciones de los mismos en comida típica y comida internacional, insumos de primera lo dejaran satisfecho. Incluso, si somos exigentes, tenemos la facultad de elegir la forma y el término de cocción de los frutos del mar que vayamos a consumir. La última vez que anduve por allí, ordené langosta y quede complacido ya que el crustáceo estaba vivo y pude elegir la forma en que deseaba prepararlo. El ambiente del restaurante es muy acogedor y siempre hay música selecta, como para pasar una jornada agradable y una sobremesa divertida. El local abre sus puertas a las 11 de la mañana pero de cualquier forma recomiendo hacer reservación, pues nos podríamos quedar sin lugar. Si esto sucede, aún tenemos la posibilidad de ordenar el almuerzo desde nuestro alojamiento.

Durante mi visita a La Habana, tuve la suerte de visitar el Bar Ambos Mundos, ubicado en la esquina de las calles Obispo y Mercaderes. El destino pareció guiarme exactamente a lo que buscaba. Eran horas en que la tarde caía y la noche empezaba a regir de la mano de la luna. El hecho es que mi caminata terminó en esa esquina y sentí la imperiosa necesidad de entrar al local que se abría frente a mí. Dentro encontré un ambiente más que acogedor, a media luz que apenas era asistida por los últimos rayos anaranjados del atardecer cubano, el momento preciso. Los sonidos que el pianista eligió para la hora no pudieron ser mejores, todo parecía programado. Ordené un daiquiri de durazno que se me antojó exquisito. La atención de es bastante amable, me ubiqué en la barra, donde uno puede oír las mejores recomendaciones y anécdotas del barman. Fue así que probé el trago de la casa, el coctel llamado Ambos Mundos, con bastante cuerpo y sabor perdurable, siempre al ritmo del piano que esta vez ejecutaba algunos ejercicios de jazz basados en el Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo. Los precios son bastante baratos, un promedio de 2.50 dólares por trago. Ahora sabemos porque Hemingway y una larga lista de escritores y artistas frecuentan el lugar desde la década del 30.

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