Llegando en crucero al Caribe

La forma de viajar al Caribe presenta dos abanicos para los turistas que proceden de un continente distinto a América. Por un lado tenemos la posibilidad de viajar en avión. Esta forma es la más rápida de llegar hacia el Caribe y lo mejor del caso es que muchos destinos ofrecen sus aeropuertos para un vuelo directo, en otros casos es necesaria una pequeña escala, pero en cualquier caso el arribo es pronto y quedamos cara a cara con la diversión, dejando todo en manos del destino y del presupuesto del que dispongamos. Sin embargo la segunda forma de llegar al Caribe, es por lejos, más enriquecedora aunque nos tome un poco más de tiempo llegar hasta nuestro destino. Nos estamos refiriendo a un viaje en crucero. En efecto, al tomar un crucero, surcaremos el Atlántico en caso lleguemos procedentes de Europa, los días se pasarán rápido pues os cruceros modernos son verdaderas ciudades flotantes en donde igualmente nos divertiremos mientras llegamos al Caribe. Otra gran ventaja que tiene el viaje en crucero es que iremos de un destino a otro ya dentro del mismo Caribe. Por ejemplo, durante el transcurso de nuestro viaje podremos desembarcar y quedarnos unos días en Varadero, luego ir a La Habana, de ahí a San Juan en Puerto Rico o la República Dominicana. Incluso hay cruceros que hacen estacionario por unas horas frente a las costas desde donde se puede ver el continente y tener una hermosa visión.

Por mi experiencia, puedo decir que la forma más divertida es viajar en crucero, de hecho en uno de mis viajes tuve la oportunidad de conocer un grupo de divertidos turistas que procedían de diversas partes de Europa como por ejemplo Alemania, Holanda, Bélgica, casi siempre viajaban juntos y junto a mi pareja, pude unirme a su grupo al menos durante ese viaje. Ya en el crucero se armaron tremendas fiestas, cada una más divertida que otra y una vez que llegamos a nuestro primer destino, bajamos rumbo a la diversión. Tengo muy bonitos recuerdos de Santo domingo, la capital de la República Dominicana que fue la primera ciudad europea en continente americano. La hermosa Catedral Primada de América, la más antigua del continente, es de una belleza conmovedora, aún para los que nos son católicos, las efigies que allí se encuentran parecen estar observándonos todo el tiempo y en las afueras uno puede comprar muchos recuerdos. Luego marchamos hacia el Parque colón donde pudimos tomar contacto con los pobladores de la región y disfrutar con sus relatos ya que muchos de ellos dominaban el idioma inglés. Otro gran recuerdo que guardo de mi visita a la República Dominicana es el paseo que dimos por Puerto Plata, una ciudad bastante bohemia, de playas muy pobladas y hermosas mujeres que encuentra su principal atractivo en un funicular con casi 800 metros de altura en su punto más alto que se ubica en la Montaña Isabel de Torrres.

La belleza de los archipiélagos es apreciada en magnitud desde la magnificencia de un crucero. También es oportunidad para vivir un momento romántico con su novia o esposa en una embarcación de infinita alegría. Vea la imagen de usted mismo en proa, observando Saint Thomas en la zona este del caribe, con sus calles colmadas de romanticismo y un ambiente que llama a la pasión; o tal vez puede quedarse disfrutando de la belleza de las construcciones de madera y el cariño de la gente en la playa en Key West. Tal vez pueda hablar con el capitán del crucero o algún tripulante que le recomiende un lugar apropiado para bucear en una de las Islas Cayman, en la zona oriente del Caribe. Embarcaciones como el Liberty of the Seas van por Miami, luego tiene un período de navegación, pasa por las costas de San Juan, Philipsburg / Saint Marteen, vienen un par de horas de más navegación, sigue Labadee, luego un último período de navegación y finalmente llega a Miami.

Volviendo al lo anterior, basta decir que los días se pasan volando en la República Dominicana. Conocimos bastante pero nos faltó otro tanto por conocer. Sin embargo, el crucero debía continuar y nos esperaban las Bahamas y Varadero entre otros destinos, y partimos con un extraño sentimiento, mezcla de alegría, tristeza y nostalgia.

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